domingo, 9 de diciembre de 2007

Las cuatro almas perdidas

Hay muchas cosas que hacer una noche de sábado: ir al cine, dar la vuelta por la ciudad, beber con los amigos…Sin embargo hay personas que buscan otra forma de pasar la noche. Y es que hay juegos que no deberían practicarse por temor a abrir puertas que es mejor dejar cerradas…

Era una noche de sábado cualquiera, Carlos de veinte años, su amigo Juan de su misma edad, la novia de este, Laura, de veintiún años y el hermano pequeño de Laura, Jorge, de dieciocho, habían decidido que el día no terminase como todos los demás y decidieron adentrarse en las profundidades del bosque, más allá de un pequeño riachuelo y donde el paisaje lo formaban simplemente árboles muertos y una densa niebla que impedía ver a lo lejos.

Caminaron hasta toparse con una verja salida de la nada, hecha de hierro oxidado y que creaba un sonido inquietante con el vaivén del viento. Más ella de esta, se dibujaban las siluetas de pequeñas tumbas casi derruidas y olvidadas por el tiempo.

Carlos: ¿Así que este era tu plan para esta noche? ¿Un viejo cementerio alejado de la mano de Dios?

Juan: Creo que es una experiencia única, ¿No? Además…aún no sabes que vamos a hacer aquí.

Y dejando una pesada mochila que llevaba a su espalda en el suelo, la abrió y sacó de ella diversos objetos: un libro antiguo, unas velas, un cuchillo ritual y una lagartija encerrada en un recipiente de cristal.

Laura: ¿Para qué es todo esto?

Juan: El libro que veis lo encontré en el desván de mi casa. En él hay diversos encantamientos, algunos que no puedo llegar a entender y otros como el que quiero hacer que nos vendría de ayuda para el lunes.

Carlos: ¿Para el lunes?

Juan: Es un hechizo para aprobar.

Laura: Parece interesante. Podríamos hacerlo.

Jorge: A mi me da mal rollo. No hay que jugar con esas cosas.

Carlos: Yo pienso como él. No deberíamos hacer nada de esto.

Laura: No seáis gallinas. Será divertido. Seguramente no funcionará, pero si lo hace no tendremos que preocuparnos por el resultado del examen de biología.

Tras mucho pensarlo, al final Carlos y Jorge, aceptaron, aunque el hermano de Laura buscaba aprobar otro tipo de examen.
Así fue, cuando al dar las doce de la noche, todos ellos comenzaron el ritual. Juan abrió aquel libro antiguo que había encontrado en su casa y comenzó a recitar el hechizo.

Juan: Ïa, ïa. Yog-Sothoth deimon. Yibb-Tstll deimon. F’ght

Carlos por su parte sacó el lagarto de su recipiente y con el cuchillo ritual sujetado con la otra mano destripó al reptil. Cayendo gotas de sangre sobre el terreno sagrado.

Juan: Yibb-Tstll, ¡Yo te invoco! Cumple mis deseos. Te despojo de tus ataduras. ¡Ven a mí!

Una neblina verde hizo entonces su aparición mientras un extraño hedor, apestoso y aberrante inundó todo el ambiente. Poco a poco la neblina fue tomando forma hasta crearse una criatura terrible. De cuerpo esquelético pero aún con carne y con cientos de reptiles saliendo de sus entrañas. Su cabeza era de aspecto cadavérico con una risa malévola y demoníaca.

Entonces alzando sus manos, con largas uñas punzantes que podrían desgarrar cualquier cosa, lanzó con fuerza sobrehumana a los cuatro chicos que salieron disparados hacia la verja de aquel antiguo cementerio. Carlos, Laura y Jorge quedaron empalados en las barras oxidadas y Juan simplemente se chocó con los barrotes en la cabeza.

Segundos después se levantó y en vez de correr aterrado del lugar, plantó cara al monstruo ser. Sin embargo una risa maquiavélica se dibujaba en su rostro.

Juan: Hice todo lo que me pediste. Ahora recompénsame. Ese era el trato que hicimos ¿No?

Y Yibb. Tstll alzó de nuevo su mano mientras su malvada sonrisa inquietaba al muchacho.

Juan: No es justo…Hice lo que me pediste…Yo…Yo… ¡Nooo!

Y Juan cayó inmediatamente a los pies de la criatura, mientras aquellos asquerosos y repulsivos reptiles iban comiendo los cuerpos de aquellas cuatro almas perdidas…

Ya lo dije. Hay formas de entretenerse que es mejor no probar. Por cierto. Me presento. Soy Yibb-Tstll. ¿Hacemos un trato?

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Si ya se sabe, no hay que fiarse de los seres del más pallá, que son traicioneros.
Por cierto, no sé si con esa imagen que has puesto al principio, he conseguido verlo todo (como siempre en tus relatos) pero en Blanco y Negro.
Me ha gustado mucho. Sigue así.
Besitos!!

Biscaue dijo...

Me gustó el relato, es un ejemplo de que jugando con fuego uno puede acabar quemado. Y más si se toman como un juego la ouija, espiritus, tumbas, jejje; ahh y en las tres historias que he leído me he sentido en el interior de ellas, felicidades!!!